SENTIMIENTO CREMA

“más qUe Una pasión Un sentimiento”

SEMBLANZA DE “LOLO”, POR ELOY JÁUREGUI

Resumen tomado del libro “Usted es la culpable” (*), escrito por Eloy Jáuregui (**), historiador, escritor, profesor universitario y apasionado del fútbol; pero sobretodo, crema de corazón.

La luz en Hualcará

Don Tomás Fernández fue un hijo de andaluz legítimo e hizo familia con doña Raymunda Meyzán, hermosa cañetana, afincándose en la hacienda Hualcará, a unos palmos de San Vicente, al sur de Lima. Como buen sevillano, don Tomás quiso tener hijos de trabajo y de bien, por eso, aunque humilde, obligó a sus muchachos a estudiar y hacerse de profesión con dignidad.

 

“Lolo” fue hijo de don Tomás. El más apacible, el que más se esforzaba por ayudar a su vieja. Desde niño, ya “Lolo” trabajaba en las faenas del campo y sabía lo que era ganarse un jornal, sabía lo que era llegar con el cuerpo cansado, sabía cuán difícil era mantener el pellejo limpio de polvo y paja. Estudiaba y trabajaba y aprendía a ser recto en los usos de la vida. En esos predios, polvorientos y bucólicos, el tiempo vio crecer un hombrecito de carácter, y ya adolescente, a un tipo trejo y de vasto corazón.

 

En Lima comprendió eso de las clases sociales; eso de las desigualdades, eso que debía a los pobres y los ricos. Y siguió estudiando en la “Residencia de estudiantes”, un colegio de baja estofa pero que quedaba muy cerca a la Av. Salaverry.

 

Para los deportes fue un superdotado porque le entraba franco a cualquier jugada y en números tenía sus secretos, ciertas fórmulas para despejar entuertos. Lima era ya una ciudad caldurienta, forjando dolores para aquel parto social incontenible. “Lolo” asimiló las esencias de ese amanecer.

 

Arturo, su hermano mayor, ya era un famoso zaguero salido del Ciclista Lima, que fue contratado por Universitario de Deportes. El club estudiantil coqueteaba con el profesionalismo porque era la institución de los blancos, de los de arriba, de la enclenque burguesía nacional, que sea dicho de paso, no consideraba al fútbol su deporte, por eso de juntar sudores con tanto cholo y tanto zambo. Para eso estaba el cricket o el tenis. ¡Fo! exclamaban las limeñas cuando un infeliz decía que era futbolista.

 

Peor fue Arturo, quien ya se pituqueaba en salones y confiterías, amigote de los Galindo, los Astengo, los Denegri. Fue Arturo el que llevó a “Lolo” a la “U” para que desde esa vez tiñera su corazón de crema. Pero el fútbol no era todo en la vida de ese joven cañetano. “Lolo” dejó el colegio y tuvo que trabajar. Primero de vendedor de botica, después de mecánico, luego en fresas y tornos. Con lo que se ganaba se hacía presente en la casa de don Tomás, el resto era para los libros, siempre quiso saber cómo se construían los radios, sobre todo aquél que entonaba la polka: “Joselito, José Gómez se llamaba…”. La “U” le brindó la casa de la Av. Arequipa donde se tenía que madrugar para entrenar y “Lolo” entendió que mantener ese status era una cuestión más de guapeza que de habilidad con la pelota.

 

Entonces llegaron los primeros goles, y lo tuvieron que correr al centro porque de puntero derecho hacía temblar a los tranvías que cruzaban el Paseo de la República. “Qué patadón, qué molleja” suspiraba la fanaticada y “Lolo” picaba como una centella, corría todas las pelotas y le daba con los dos pies a la triste pelota que con las justas terminaba los partidos con vida.

 

En el viejo Estadio Nacional, la tribuna norte se convirtió en patrimonio de la barra de la “U”, conforme “Lolo” le pegaba y le pegaba al balón, y gritaban y gritaban los goles de ese hombre hecho de extraña mezcla de jebe, roble y acero. Hombre que usaba una redecilla para sujetar el cabello y conservar la línea. Hombre que portaba suspensor hasta el pecho y que cuando le iba a dar a la pelota hacía pegar la punta de su botín “Mayurí” varias veces contra el piso y ¡cataplún” venía el misil.

 

“Lolo” jugó hasta los 40 años y se despidió goleando al Alianza Lima. Después pasó a trabajar a la aduana y se jubiló con un sueldito regular. Te queremos. “Lolo” y que ninguna pesadilla te arrebate. Si hasta te pareces a César Vallejo.

 [*] Resumen tomado del libro “Usted es la culpable”. Editorial Norma. Segunda Edición. Bogotá 2005.

[**] Eloy Jáuregui es escritor y profesor de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima.

fte: www.universitario.pe

mayo 21, 2009 - Posted by | especiales, los más queridos | , , ,

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